
Rulo, un nuevo inquilino en Cañada
20 Enero 2012
Rulo es un arrendajo, muy chulo él (no en vano a los arrendajos se les conoce también como "gayos" o "garrulos"), aunque nos lo han traído con las plumas de la cola bastante deterioradas. Esperamos que el año que viene, tras la muda, luzca ya sus mejores galas.
Rulo ha perdido momentáneamente uno de sus atributos más llamativos, debido a haber estado encerrado en una jaula inapropiada, pese a la buena intención de la persona que lo cogió cuando aún pollo, se cayó del nido.
Todas las especies salvajes de la Península están protegidas por la ley, y su posesión o captura no está permitida. Aún en el mejor de los casos, cuando nos encontramos a una cría desvalida, y actuando con nuestra mejor intención, la cogemos y nos la llevamos a casa, corremos el peligro de provocar lo contrario de lo que queremos. En ocasiones, por simple ignorancia (hay quien cree que todos los pollitos de ave comen pan con leche), y en otras, porque nuestra actitud va a incitar a otras personas a imitarnos y buscar otro ejemplar de esa criatura “tan mona”, arrebatándola de su medio natural, donde su existencia es necesaria para el mantenimiento del equilibrio ecológico.
¿Qué debemos hacer entonces, cuando nos encontramos a un animal que creemos herido o abandonado? Primero, precaución. Ante el temor de ser capturados, muchos animales heridos pueden reaccionar con agresividad, o al intentar escapar, agravar sus lesiones. Por eso, por su seguridad y la nuestra propia, es mejor no intentar cogerlos si no sabemos perfectamente cómo actuar. Lo más recomendable es llamar a alguien con el conocimiento y experiencia suficiente para que que nos pueda ayudar. En el SEPRONA de la Guardia Civil, o en instituciones como Cañada Real, podrán asesorarnos y prestar el auxilio necesario.
¡Bienvenido, Rulo!







