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Las aves nocturnas
Los trasnochadores: los búhos reales (Buho bubo) Pitágoras y Arquímedes (en la foto); el mochuelo (Athene noctua) Capitán Garfio; las lechuzas comunes (Tyto alba) Tyto y Alba, y Ablete, el cárabo (Strix aluco). Con el rollo de la caza, el caso es que no aparecen por casa hasta las seis de la mañana. Son aves de finísimo oído, aguzada visión, vuelo raudo y silencioso, fuertes garras, y picopoderoso. Carnívoras estrictas, cada una de ellas caza presas acordes con su tamaño. El Búho Real es el mayor del grupo. Este experto cazador
es en las rapaces nocturnas, lo que el águila real es en las diurnas. Cría en un nido
hecho en un hueco de un tronco o en una pared escarpada. La lechuza común es fácil de diferenciar, gracias al tono pálido de su plumaje. Anida en la oquedad de un tronco o engraneros y pajares. Su dieta se limita casi totalmente al ratón de campo y otros pequeños roedores. Es un magnífico aliado de los agricultores, al controlar las poblaciones de micromamíferos, aunque la inmerecida fama de ave siniestra, la hace objeto de brutal persecución. El mochuelo es uno de los más pequeños de nuestras nocturnas, especializándose en pequeños insectívoros (topos y musarañas), lagartijas, escarabajos, saltamontes, polillas, y otros invertebrados. De hábitos crepusculares, anida en el hueco de un árbol o entre piedras. El cárabo común, que junto con el mochuelo es una de las especies más características de nuestro bosque mediterráneo, caza presas más grandes que éste, por lo que se hace posible la convivencia con el pequeño mochuelo. El plumaje de Pablete es característico: tonos marrones con manchas blancas, un perfecto camuflaje para pasar desapercibido durante el día, en una horquilla pegado al tronco de un árbol. |